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Vacaciones y una Pasión Redonda

El Minuto | En los tiempos del merecido descanso anual cuando llegan las llamadas vacaciones en estos tiempos tumultuosos económicamente y socialmente por sobre todo para la clase media de nuestra Argentina devaluada en donde con el billete más grande de $ 1000 no se llega a comprar un kilo de helado de cuatro sabores pongamos: vainilla, chocolate, frutilla y menta granizada la opción a la hora de alimentarse es la PIZZA una antigua pasión redonda que despierta pasiones, fanatismo y felicidad.

Daniel Defant | Corresponsal del El Minuto para Argentina

Es el almuerzo del trabajador que come parado y al paso una de sus comidas preferidas por familias enteras y los amigos.

Pero también es algo más: “Es un lugar común que nos identifica sin importar si es de muzzarella, de anchoas o fugazzeta, a la piedra o al molde, media masa, cortada en seis, ocho o diez, con poco queso o con salsa cruda o cocida, con aceitunas o tomate entero, picante o suave, será siempre una porción de nuestras vidas”

¿Podemos definir nuestra pizza?

¿Es un producto auténticamente argentino?

¿Que la diferencia de otros productos del mundo?

Joaquín Hidalgo y Martin Auzmendi, periodistas y creadores de la maratón de la pizza porteña, conocida como el Muza5k van en busca del valor de la tradición pizzera en la Argentina.

Para ello se infiltran en las pizzerías tradicionales y cuentan el día a día de maestros pizzeros, cortadores y cientos de personas que ponen sus manos en la masa.

Nuestra pizza es un recorrido leudado con las historias del corte y molde para uno de los iconos de la gastronomía argentina.

Una porción de la comida más amada de nuestra cultura popular.

Una pasión redonda.

NUESTRA PIZZA es una pasión. Es felicidad. Es un capítulo sabroso en las biografías de cada uno de nosotros. Pero también es bastante más que eso…

Nuestra pizza es la maquinaria gastronómica con más piezas en Buenos Aires, la ciudad más grande del país y una de las más grandes de América Latina.

Nuestra pizza vincula al campo y a la ciudad como pocos productos: cereales en la harina, verduras en las salsas y lácteos en los quesos; suma especias; emplea gas, leña, hierro y ladrillos.

Todo en una porción que se sirve de a cientos de miles, a diario, en cada rincón de nuestra Argentina.

Nuestra pizza cuenta la historia de la inmigración, con sus comunidades, las migraciones internas y las transformaciones del mosaico móvil y diverso de nuestro país.

Al paso o en la mesa, nuestra pizza combina tradición y vida de muchos rincones del país y del mundo.

Nuestra pizza es alimento de la ciudad y un país en el marco de golpes, crisis, fiestas y escasos periodos de estabilidad, siempre al calor de los hornos, en los mejores y en los peores momentos.

La pizza nunca se bajó de las mesas argentinas en un siglo dorado, creciendo en los periodos más críticos.

Nuestra pizza construyó templos en cada una de las pizzerías históricas, naves a salvo de todas las tormentas económicas, mientras otras se hundieron para reaparecer o dejar libre una vacante para la próxima pizzería por venir.

Nuestra pizza ilustra a un empresariado laburante, ambicioso y de clase media, que creció y crece siempre entre el comercio y el servicio.

Todo a lomo de una porción que todos amamos.

Nuestra pizza tiene reglas no escritas sobre cómo manejar la gastronomía, como hacer de ella un negocio y como seguir vigente al cabo de un siglo de vaivenes sociales y económicos.

El management del boliche pizzero tiene todo eso y tiene lecciones para nosotros.

Nuestra pizza absorbió tendencias gastronómicas, desembarcos de formatos y se mantuvo al frente como la comida más importante de la ciudad y una de las principales de la Argentina.

Para nuestra pizza, sea de molde o piedra, finita a la parrilla o media masa, veggie o hiperbólica y de carne, siempre hubo un bowl creativo sobre la mesada del que sacar un nuevo truco y sabor para darnos un aliento vital.

Nuestra pizza es motivo de orgullo; quien les escribe las hace caseras como se las llama; las ha saboreado en Argentina, España, Francia, Bélgica, Holanda y Países Bajos.

También en Nápoles (Italia)… que trae el recuerdo de aquel pizzero cocinándolas en un horno de ladrillos gigante bien finitas y porque no decir exquisitas.

Es una historia con principio sin y sin final; que para la mayoría de argentinos es una porción de nuestras vidas.

Aquellas que revuelven la memoria de nuestras primeras salidas en la adolescencia; para atestiguarlo, ha sido aquella pizza pagada entre varios en horas de la media noche, mientras los padres empezaban a preocuparse; nos permitió dar los pasos inaugurales hacia nuestra independencia.

Ahí también aparecen aquellas cenas entre familiares, amigos, novios y conocidos en la entrada de una vida adulta por la puerta grande de la que fue y es nuestra pizzería.

Están así mismo en los miles de partidos de futbol, las jornadas gastadas entre risas, los lamentos o la euforia en las que nos vemos saboreando una porción de pizza o sentados en la mesa de nuestra pizzería o nuestra casa.

Nuestra pizza es casi algo que nunca falta, como plato de entrada o comida principal en los calurosos días del verano, o las frías tardes del invierno mientras estudiamos.

Ni hablar de las vacaciones, en las que siempre nos sacan de un apuro, en el pre o el post cine o teatro cuando ya se gastó la plata en la entrada.

Es aquella comida en el brillo de una corriente nocturna de cada barrio y de cada casa.

Si se miran bien esas postales o fotos no hace falta mencionar que afloran aquellos recuerdos de la pizza colectiva aquella que aprendimos a amar por su sabor de hogar entrañable con recuerdos castrados que al igual que las porciones que calzan dentro de una caja, son fragmentos de experiencia.

Pero hay otros, muchos otros, también, para quienes la pizza es un modo de vida.

Están los que temprano abren las persianas de las pizzerías que cierran por las noches y los que repasan en la madrugada el mostrador de las que no cierran, hay pizzas las 24 horas del día y los 365 días del año.

Están los que amasan cuando el sol todavía no salió y que, entre mate y mate, preparan los bollos en una nube sutil de harina que luego se verá en las cejas y los anteojos como una fina capa de prematuras canas, las mismas canas que algún día serán verdaderas, en la misma cocina.

Y están también los cortadores de pizas en el mostrador, hombres claves del engranaje comercial, que no deben ni pueden ser sobornados por los habitués, pero que sabrán a quien cortarle una porción más ancha cuando es debido.

Y los otros, los mozos, que a veces con chaleco y moño y siempre repasador en mano que se afanan como patinadores olímpicos.

Para todos ellos, incluidos administradores contables y hombres de faenas menos vistosas, como los que hombrean las bolsas de harina de 50 kilos o esos otros embotados en altas botas de goma que escurren el camión de lácteos por la tarde, desde los propietarios a los inversores, la pizza también es una porción de sus vidas.

Estamos en la movida los que disfrutamos de un lado del mostrador, los que amasan bollos y otros fortunas.

Son 300 pizzas las que puede elaborar una pizzería al día.

Siempre existirán aquellas dudas si la pizza porteña es gallega o italiana; lo único cierto es que 1500 pizzas se venden en Guerrin en un día compitiendo con el negocio de la empanada. Pin Pun 1200 pizzas hay en Buenos Aires.

Son más fuertes que los presidentes y obligan a aprender de los maestros.

Existe una pizzería cada 2.500 habitantes.

14 millones de pizzas se venden al año solo en Buenos Aires.

50 kilos pesan las bolsas de harina que rinden unas 200 pizzas.

Las hay napolitanas, romanas, muzarella, margarita, primavera, de morrones, jamón, palmito, anchoas, fugazza, calabresa, verduras, choclos y calzones.

Se la vende hasta por metro, siendo el metro y medio la más larga.

Todas tienen sus propias texturas y sabores cocinadas en hornos o a la parrilla.

Entre otros ingredientes y aportes federales están el ajo, el orégano y las aceitunas: verdes o negras.

Todo es cuestión de ceros y no de inflación, sino de harinas: 0000; con nuestra pizza no se jode y llevan hasta chimichurri como pincelada final.

Hicieron palacio e imperio y quienes las comemos como los inmortales nacemos dos vedes, según cuenta la leyenda.

7,8 kilómetros de moratón es el recorrido entre Chacarita y La Florida.

12.000 porciones se sirvieron en el último MUZA5K y no doy nombres por temor a olvidarme de algunas de aquellas pizzerías que en solo 4 minutos agotaron las 1.500 entradas.

Hoy ya 3 países tienen sus maratones: Estados Unidos, Inglaterra y Holanda.

Hasta 80 personas emplea una pizzería grande.

En el podio del negocio gastronómico las pizzerías ocupan el primer puesto.

Se van con ellas millones de cajas y sostenedores platicos para el queso no toque el cartón; mientras miles de cadetes las reparten luego.

El trébol tiene suerte y encanto tanto como las manos en la masa entre los 30 y 40 gramos de levadura que se usa para una pizza de molde.

Cuanta historia se lleva nuestra pizza acompañada por bebidas y postres al paso. Sobre todo: aquella cerveza bien helada, el flan con crema o dulce de leche que acompaña ya al final de la velada.

La perlita se la lleva el metro de hilo estirado que ata la caja y el viaje al pasado de Pililo cuando la guitarra suena en los bares porteños desde Nápoles con escala en New York en busca de la identidad de la PIZZA en un mundo ajetreado; donde hasta 10 veces más es la diferencia de precio entre una pizza low cost y una de alta gama.

¿No será el futuro nuestra pizza lo que está en juego como una pasión redonda al igual que el planeta tierra mientras muchos estamos gozando de unas distendidas vacaciones?

En tanto los presidentes Fernández y Lula se debaten en la VII Cumbre de CELAC tratando unificar monedas; mientras un sorprendido Lacalle Pou argumenta sobre los dichos de Sergio Massa: “Esto se parece a Disneylandia”

¿O será el precio de nuestra tan famosa PIZZA lo que está en juego?

Patricia Bullrich, por su parte, ha tratado de ahuyentar a Nicolas Maduro; el venezolano que brillo por su ausencia a pesar de estar más que invitado; no a comer pizza claro.

Después de varias idas y vueltas, el dictador Maduro y a último momento salió a justificar que no vendría por amenazas a ser emboscado debiendo tener que pasar un mal momento entre sus pares bolivarianos.

¡¡¡Una PIZZA tan famosa como la nuestra no alcanzo para tanto!!!

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