Mié. May 12th, 2021

Crisis en el Sahara ¿la última oportunidad?

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La crisis de Guerguerat derivó en una serie de choques armados a lo largo de los muros defensivos. Naciones Unidas informó sobre los hechos, que abiertamente violan el Plan de paz, que a nuestro juicio es papel mojado, mientras que Marruecos guarda silencio, pero tiene una estrategia firme de legitimar la ocupación, por medio de la apertura de consulados de países africanos cercanos a Rabat y también de países árabes, destacándose el caso de Emiratos Árabes Unidos.

Incluso en redes sociales, Trump anunció el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre los territorios ocupados a cambio de estrechar lazos con Israel por parte de Marruecos. Mientras tanto las fuerzas saharauis siguen con sus incursiones, mientras el mundo mira hacia otro lado.

Por: Jorge Alejandro Suárez Saponaro | Director de  Argentina


La crisis de Guerguerat, terminó con el desalojo de los manifestantes saharauis, por parte de las fuerzas marroquíes, en clara violación del llamado Acuerdo Militar Nro. 1 del Plan de Arreglo, que impone a las partes restricciones en las zonas desmilitarizadas, con supervisión de la MINURSO.

El Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, un personaje funcional a Rabat, nada hizo ante la crisis que se avecinaba, por lo menos impulsar buenos oficios, llamar al diálogo.

Marruecos se salió con la suya, avanzó sobre la zona controlada por la República Saharaui, estableció un puesto aduanero, en una frontera que oficialmente nadie reconoce, pero que de hecho, cientos de camiones si lo hacen, tolerado por la UE, a pesar de los fallos del Tribunal Superior Europeo en relación al Sahara.

Marruecos desde hace años lleva un intenso trabajo diplomático, que ha rendido sus frutos, con la instalación de consulados de países africanos en El Aaiún, que se extiende a países fuera de África como Emiratos Árabes Unidos.

Esta estrategia ha fracturado a la Unión Africana, especialmente entre los países francófonos y anglófonos. Esta política es funciona a los franceses, que deben hacer frente a un poderoso rival, China, cargada de dinero e inversiones, que París, no puede ofrecer, o cuando pudo hacerlo, no lo hizo. Otro actor que irrumpe con fuerza es Rusia.

Es altamente probable que la política de Rabat, estrechamente ligada a intereses occidentales, tenga que ver con este juego geopolítico, pero el propio Marruecos, ha visto el poder chino y llegó un acuerdo, donde Pekín, asumió el compromiso de invertir en una ciudad inteligente con parque industrial incluido. Aliado extra OTAN, la diplomacia alauita, ha logrado que Estados Unidos, con dinero saudita, financie ambiciosos proyectos de defensa.

La Fuerza Aérea se ha visto dotada de modernos aviones F 16, con radar de apertura sintética, helicópteros de combate Apache. El Ejército, obtuvo la posibilidad de obtener los poderosos tanques Abrams, y la Marina, antes el pariente pobre del reino alauita, lentamente se está transformando en una fuerza con cierta capacidad de proyección. No cabe duda que la agenda marroquí tiene dos objetivos claros: España y Argelia. Los gastos de defensa son por miles de millones de dólares, mientras que importantes sectores del país, todavía padecen las consecuencias del subdesarrollo. No en vano, miles de marroquíes viven en Europa, en busca de mejores oportunidades.

El “aliado” del sur de España, no duda en hacer saber sobres su pretensiones sobre las ciudades de Ceuta y Melilla, espacios marítimos en Canarias, y emplea con suma eficacia herramientas como las migraciones no controladas, lo que le permite obtener millones en ayuda, a un país, que realmente lo precisa, dado que dilapida miles de millones en defensa, no se justifica acceder a las peticiones marroquíes. No cabe duda que Madrid es un actor sumamente débil ante las presiones de Rabat.

La política de contención, no ha hecho más que robustecer a Marruecos, que cada día que pasa gana más poder. Imagen de una relación que roza hasta con lo patético, es ver políticos de la coalición “progresista” del Dr. Sánchez, haciendo honores a la tumba del rey Hassan II, que como es sabido fue un dictador y ha violado sistemáticamente los derechos humanos. España provee ayuda militar a su potencial adversario y le ha vendido equipo militar, y para peor, no hace absolutamente nada, cuando los presuntos aliados de España venden material puntero.

En este complejo juego, encontramos Argelia, aliado histórico de la República Saharaui, pero con sus problemas internos.

Un conflicto abierto con Marruecos, no le conviene a los poderosos intereses cercanos al petróleo y es seguro que ejercen su presión sobre Argel.

La única salida es apoyar con limitaciones a los saharauis, mantener el conflicto latente con Rabat y desviar el grueso de sus fuerzas armadas hacia el teatro de operaciones del Sahara, lejos de la frontera común.

Mauritania es el eslabón débil de la cadena, y ha intentado de alguna manera no ser satelizado por Rabat, que tiene pretensiones anexionistas a largo plazo. En el medio de esta trama geopolítica, está la República Saharaui, aferrada a un Plan de paz que está muerto, desde que nació el mismo en 1991.

La realpolitik impone que la República Saharaui, sea considerada un actor irrelevante, pero para mantener las formas muchos gobiernos apoyan que se lleve a cabo el referéndum previsto en 1991, que es sabido que nunca se realizará. Francia con su poder de veto en el Consejo de Naciones Unidas, ha impedido cualquier iniciativa, China y Rusia, no consideran a los saharauis como un elemento a considerar, dado que no tienen nada que ofrecer a cambio. España, es en el fondo, rehén de Francia y Marruecos, y baila al compás de la música de París. Los años pasan y la situación se torna más desesperante para los saharauis. América Latina con su “oleada” de gobiernos progresistas, a principios del siglo XXI, parecía una esperanza, pero estos “progresismos” con excepciones (como el caso de Uruguay que reconoció a la República Saharaui), hicieron oídos sordos a las distintas misiones enviadas por el gobierno saharaui.

Aplicaron una vez más la realpolitik, y más allá de mantener embajadas tanto saharaui como marroquíes, la región se mantuvo indiferente con el tema saharaui. Cabe destacar que la diplomacia saharaui también cometió sus errores, mantiene una política muy discreta que a la postre tendrá consecuencias muy negativas.

La crisis COVID 19, la indiferencia de la comunidad internacional, seguramente puso al Frente Polisario en una situación compleja. Las nuevas generaciones, están hartas de vivir como refugiados en Argelia, o en las condiciones también adversas de las zonas liberadas. Saben que sus hermanos en las zonas ocupadas, son ciudadanos de segunda y viven en un casi un régimen de apartheid, en el marco de una política de vaciamiento cultural.

Estos grupos descontentos son caldo de cultivo para atraer a muchos a las huestes del salafismo, como han hecho muchos marroquíes en barriadas pobres de las grandes ciudades. La crisis de Guerguerat, verdadero acto de agresión, sirvió de argumento para lanzar una serie de acciones militares a pequeña escala a lo largo de los muros defensivos. Naciones Unidas informó y nada más, pero los intereses que apoyan a Rabat, no hace más que azuzar los ánimos.

En el marco de este drama, Donald Trump, personaje realmente menor en materia de política internacional y geopolítica, funcional a los consejos de su entorno y de los intereses israelíes, que demanda la creación de un verdadero frente “anti Irán”, propuso en redes sociales en reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, a cambio de normalizar las relaciones entre Israel y Marruecos, e incluso hubo algún avance para un consulado de Estados Unidos en las zonas ocupadas.

Esto generó críticas y desaprobación, pero el daño estaba hecho. Es posible que la política de Biden sea favorable a Marruecos, sin reconocer la soberanía marroquí, y que en nombre de la realpolitik, apoye el plan de autonomía, verdadero subterfugio para anexar formalmente el Sahara Occidental y barrer de un plumazo la identidad saharaui en la zona.

El derecho les da la razón a los saharauis, la lista es larga, comenzando por el histórico dictamen de la Corte Internacional de Justicia de 1975, pasando por resoluciones de Naciones Unidas, el reconocimiento de 80 países, ser miembro fundador de la Unión Africana, los fallos del Tribunal Europeo. Pero la realidad es otra, sin ninguna duda que lleva al gobierno saharaui a una situación desesperante. Está en juego nada menos que la existencia de los saharauis como Nación.

No cabe duda que venderán muy caro su honor nacional. El conflicto recién comienza, sea cual fuere el resultado, más allá de nuestra opinión que la victoria le corresponde a los saharauis, esta lucha tan desigual, debe ser fuente de inspiración, para muchos pueblos, ante la determinación de esta pequeña nación – por su demografía reducida – de luchar por su dignidad y libertad.

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