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Solucionismo Tecnológico

El Minuto | La tecnología nos ha empoderado de una forma nunca antes vista, y continuara haciéndolo a un ritmo acelerado.

Por: Daniel Defant | Corresponsal el Minuto Argentina

El ser humano de nuestros días tiene en su bolsillo e interactúa diariamente con más capacidad de cómputo que la que tenían todas las computadoras que llevaron el hombre a la luna, aunque la usemos para ver Instagram.

¿Igualmente, la pregunta clave es si realmente todos tenemos acceso a ellas?, ¿O solo unos pocos privilegiados?

Estadísticamente según la Unión Internacional de Comunicaciones (UTI), en 2018 el 49% de la humanidad no utilizaba internet frecuentemente.

En el caso de América Latina, casi el 75% de la población si cuenta con acceso a internet, y en los países como Argentina, Uruguay o Chile los números son los más altos de la región.

Aproximadamente 6 de cada 10 argentinos tiene acceso a una computadora en su hogar, y el 83% de toda la población cuenta con acceso a internet en enero de 2021.

Si tenemos en cuenta que medio siglo atrás internet prácticamente no existía, y mucho menos se pensaba para uso comercial y hogareño, la proyección lógica es que más temprano que tarde casi la totalidad de los hogares alrededor estarán conectados, de alguna forma u otra, a internet.

Pero según este tema sucede algo más interesante: según las estadísticas oficiales – las mismas utilizadas para medir la penetración de internet – hoy en día, a comienzos de la segunda década del siglo XXI, 4 de cada 10 argentinos se encuentra bajo la línea de pobreza.

Estas estadísticas reales vienen a demostrarnos entre otras cosas la importancia innegable en nuestra sociedad de estar conectados.

Ahora bien, el punto que nos preocupa con lo que sucede en los hogares que si tienen acceso a internet es lo siguiente:

Viene la tecnología e Internet a poner un solucionismo a nuestras vidas?

Aunque para algunos lectores pueda ser hasta innecesario aclararlo, o quizás no lo sea tanto.

Hay toda una corriente de pensamiento, a la que llamamos utopistas tecnológicos, efectivamente cree que cualquier actividad puede volverse mejor y más eficiente cuando aplicamos tecnología, y que eso es algo deseable.

El ensayista búlgaro Evegny Morosov acuño recientemente el termino solucionismo tecnológico justamente para referirse a la idea de que todo puede solucionarse mediante la tecnología.

Tal es así que hay cosas insólitas que no necesitan “solución” y sin embargo se les intenta agregar tecnología para volverlas más cool.

Morosov utiliza el ejemplo de un tacho de basura “inteligente” , que recopila información sobre absolutamente todos los desechos que salen de una casa y permite compartir la información en las redes sociales.

Este tipo de soluciones, que literalmente podríamos llamar “soluciones basura”, solo contribuyen a generar un estereotipo de nerd utopista que cree simplificar una realidad compleja para adaptarla hacia un campo de conocimiento.

Esta tendencia no pasa solamente con la tecnología, sino con cualquier otra disciplina, y para evitarla es importante tener en cuenta la complejidad que atañe a los problemas sociales.

Lo que debemos poner en claro que la realidad sociopolítica es compleja y los fenómenos sociales son multicausales en sí mismos y no admiten soluciones simplistas. Ninguna fórmula mágica llena de algoritmos va a solucionar problemas estructurales de un país, y creemos que tampoco sería deseable que así fuera, ya que en el fondo somos los humanos quienes tenemos solucionar los problemas que creamos.

La tecnología no puede cambiar nada por sí misma sin la voluntad de los humanos.

Esto es tan así, que hasta cada uno de nosotros tiene un meme, aquella imagen que se hace tan viral que termina como una manera de resolver cualquier problema.

La palabra “meme” proviene del griego “mimema”, que significa “algo que se imita” y en el mismo sentido fue empleada en el libro de Dawkins como un comportamiento o idea que se transmiten de persona a persona como lo hacen los genes que conforman nuestro propio ADN.

Es cultural, porque brota desde el interior de cada uno para transmitir una idea, concepto, opinión o situación.

Tienen como trasfondo la posibilidad de dotarse de una gran visibilidad entre la persona que lo elabora y el público que lo consume.

Bien usados son verdaderas herramientas de difusión que sirven para llamar la atención como posicionar en la sociedad símbolos, slogans y narrativas.

Tienen el poder de recordarnos que nuestra humanidad es compartida.

Es todo un proceso identificatorio en línea, una imagen con texto ilustrado, siempre son breves y su propósito es difundir ideas, sentimientos, emociones que comunican como un modismo broma o chiste contundente y viral porque se vuelven contagiosos saltando de un cerebro a otro con muchísima mutación y replicación.

Es la imagen, que se hizo viral, la que termino por resolver cualquier problema.

Vivimos en una era en que los consumidores son cada vez más curiosos, informados y exigentes.

En este escenario es el tema de la experiencia la que cobra protagonismo, sin embargo, es lo que menos se tiene.

La experiencia es la suma de todos los momentos que pasan entre personas a través de una emoción alojándose en nuestra memoria para condicionar un comportamiento que viene marcado de un recuerdo positivo, memorable y único.

Nadie tiene derecho a vivir como sus padres, pero más que no imitar un estilo de vida debemos saber que para cosechar hay que sembrar primero… Pero:

¿Como pasar de la promesa a la experiencia?

Pasar desde la promesa hacia la experiencia es algo que no ocurre por arte de magia, requiere de un fuerte trabajo cultural y de rediseño de procesos en un viaje retador que permitirá orquestar los elementos que le darán vida, coherencia y consistencia.

Hay 5 recomendaciones para crear o repensar la promesa y reflejarla en la experiencia que se entrega:

1) Respondamos la pregunta mágica: y esta pregunta es: ¿por qué? Saber por qué hacemos lo que hacemos y que es lo que nos mueve a hacerlo. Es decir, nuestra promesa: aquello que nos propusimos.

2) Valoricemos la experiencia: no hablamos de fianzas que son fundamentales. Hablamos de valores. Sabemos que es lo que debemos hacer para ganar un espacio en el corazón de otros; definir nuestra visión es definir valores que finalmente se vean reflejados como atributos de nuestra experiencia. Todo parte de la empatía y de una buena actitud y no aptitud. Es acá donde definimos y afinamos esa promesa que queremos cumplirle al otro.

3) Enamorémonos del usuario: lo mejor que podemos hacer es obsesionarnos, ponernos en su corazón para entenderlo, saber cómo nos ve, que piensa y que dice de nuestra interacción. Es solo, así como podremos saldar brechas, diferencias entre lo que prometemos y entregamos que además nos permite mejorar cada vez más la experiencia que ofrecemos.

4) Analicemos nuestra estrategia: nuestra propia visión es la que crea tendencias, drivers, canales de comunicación, innovación inspiración e ideas frescas y renovadas para aplicar en nuestro propio contexto.

5) Alineemos nuestro enfoque: luego de tener claro nuestro propósito y promesa, entender, analizar, mirar hacia adentro y hacia afuera identificando que es lo que nos sobra y que es lo que nos falta. Esto es lo que nos facilitara a rediseñar los procesos, sincronizar a las personas y disponer luego de la tecnología.

Para pasar de esa promesa a la entrega de la experiencia, nos debemos también ocupar de otros aspectos que van desde seleccionar a las personas adecuadas para entregarla; hacer que se sientan a gusto en el diseño de un proceso simple y amigable hasta lograr orquestar la tecnología con los diseños.

Como podemos observar antes del “solucionismo tecnológico” hay un “solucionismo humano” que es el que cuenta.

Toda esta batalla solo puede ser ganada con: educación, programación y filosofía de vida.

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