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El nombre interior

«Por favor, permítame que no se lo diga; pues un malintencionado puede aprovechar para dañarme», decía Alèkpéhanhou, artista cantante tradicionalista, a una periodista que le hacía preguntas sobre el Zinli, el ritmo que ejecuta.

Por: Kele Koff | El Minuto en Benin


Aquí, no se trata de su nombre civil porque Alèkpéhanhou, el rey de Zinli, se llama, como todos lo sabemos, LOUKOU Michel; se trata al contrario de su nombre de alma, el nombre interior como suelo llamarlo.

El nombre de alma, su importancia

En África, precisamente en Benín, antiguo Dahomey, el nombre que lleva un individuo tiene mucha importancia, y aún más su nombre interior.

En egiptología, el nombre civil de alguien se llama el Rhên y su nombre de alma, el Karhên. Según los egiptólogos, el Karhên representa el dominio de la personalidad misma, su ser, su vida, su misión de vida; lo que ha de ser su porvenir. Conocer su nombre interior, es dominar su destino.

Siempre ha sido así, desde los Faraones; por lo cual cuando uno es iniciado, cambia de nombre, no su nombre civil, sino descubre su nombre de alma. Pero, todos no conocemos nuestro Karhên, por dos razones fundamentales: primero por las enseñanzas que se dan en las religiones importadas, que desprecian la cultura Africana; segundo, por el descuido nutrido por la ignorancia de la gente porque hay rituales que hay que hacer.

Ahora bien, si uno conoce su nombre de alma, ningún brujo puede dañarle. Por lo cual, los reyes llevan nombres muy fuertes cuyos sentidos se encuentran en sus actos heroicos o hazañas, o cualquier otra cosa grandiosa.

Son nombres que tienen un significado extremamente profundo. Por ejemplo, con los reinos fon, goun, bariba, aïzo, —algunas etnias de Benín— incluso mayas, aztecas e incas, los reyes, además de tener un nombre civil, llevan, una vez entronizados, uno o varios nombres, los cuales expresaban potencia, poder, gloria, victoria, supremacía, etc. ¡Ese cambio de nombre es simplemente muy potente y sigue eso hasta hoy porque siempre hay reyes en Benín, cada región tiene su trono con su rey.

Todo individuo tiene un nombre de alma. Es importante saberlo. Lo que hizo Jesucristo a Simón cambiándole ese nombre por Pedro, tiene un gran significado extremamente potente.

En efecto, es un ritual que Jesucristo adquirió en Egipto durante su larga estancia en tierra de los Faraones tras la huida de sus padres, José y María, huyendo de la matanza de los niños decretada por Herodes; pues él mismo, el propio Jesucristo, se llamaba Yeshua. Hasta el dios egipcio Rhé tenía un nombre de alma.

Algunos Reyes dahomeanos: nombre y significado

Houegbadja : el pez que pudo escapar de la trampa no vuelve adentro.

Akaba : pese a su lentitud, siempre llega a la cima de la ceiba el camaleón.

Tê-Agbanlin : el hombre antílope.

Gbêhanzin aï djirè : el mundo tiene el huevo que ahela la tierra.

Bangana : el búfalo.

Glèlè: nadie puede sostener el campo laborado.

Guinimoussikou : el que entierra vivo.

Toffa: acabar con las malas prácticas del pasado y avanzar para una tierra pacífica.

Esos nombres se inspiran de las hazañas, del aspecto físico, del programa sociopolítico de los reyes o de las circunstancias que determinaron su accesión al trono.

Yo, mi llamamiento hacia todos los africanos, sean residentes en el continente, sean de la diáspora o sean afrodescendientes, es invitarlos a descubrir su nombre de alma, nuestro nombre interior; lo cual permitirá a cada uno saber la misión por la que está en esta tierra y cómo puede llevarla a cabo porque demasiada gente emprendemos caminos que no deberíamos de emprender. El que rechaza su cultura es un árbol sin raíces.

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